Discurso desde el corazón herido de un ciudadano

No soy político. No me gano el techo convenciendo a la gente, pero ojalá supiera haceros ver las cosas desde donde las veo yo, después de haber sido operado de corazón y de superar un melanoma.

La felicidad y el desarrollo personal no tienen absolutamente nada que ver con el consumo y la acumulacion de bienes. La gente emplea un tiempo que no les sobra en ganar un dinero que no tienen, para comprar cosas que no necesitan y asi causar una impresion que no dura, a personas que no les importa.

Cuando se corteja a la muerte, no se piensa en la cuenta de crédito, sino en los seres queridos y las cosas que aún no has hecho. Hay muchas formas de riqueza, y por el sucio dinero las estamos perdiendo todas. Debemos renunciar con urgencia a ciertos sueños inmaduros como el de ser ricos. Por cada rico de este mundo hay por lo menos 100 pobres y todos sueñan con una cama de agua.

Hay que aprender a vivir más simplemente para que otros simplemente puedan vivir. Renunciar a las comodidades en favor de las comunidades. ¿El consumismo nos aporta felicidad, cohesión social? ¿A dónde vamos?

El neoliberalismo nos ha llevado a la apatia, el desencanto, la destrucción personal y social, el nihilismo, la contaminacion, el abandono familiar y en definitiva, la distopia en la que vivimos donde nadie es feliz. Donde 3 personas al día se quitan la vida por causa directa de la situacion económica y apenas sí se hace nada. Y lo llaman progreso, bienestar. Hace falta ser cínico.

Ahora estamos todos inmersos en un limbo emocional y nuestras relaciones se limitan a sacar dinero o gasolina de dispensadores automáticos, ni nos damos los buenos días en el ascensor. La facultad es un mero trámite administrativo, las citas entrevistas de trabajo y formar una familia una quimera imposible sólo apta para malabaristas.

El capital insaciable nos hace renunciar a lo bueno de cada etapa de nuestras vidas, eliminando cualquier atisbo de espontaneidad de estar vivos por el dinero y la comodidad. Como decía Ronald Reagan: si se mueve, póngasele un impuesto. Si se sigue moviendo, regúlese y si no se mueve más, otórguesele un subsidio…

Hemos sido absorvidos por ese monstruo bicéfalo insaciable que es la globalización y el liberalismo, en una civilización donde el saber es mero adorno, para reforzar la lista de méritos personales y poner mejor precio a nuestras cabezas; una vez más dinero, dinero y dinero.

Nuestro modelo actual de convivencia y desarrollo se basa en una mentira: que las necesidades individuales favorecen al conjunto de la sociedad. Es decir: que el egoismo es bueno para la colectividad. Esto es falso. Un trabajador eventual no va a luchar por los derechos de los trabajadores indefinidos en un modelo social basado en el egoismo.

Mientras nuestra vida se cimente en mentiras no levantaremos cabeza. Debemos recordar por qué hemos venido al mundo, citando a Whitman:

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios, de mí mismo, que me reprocho siempre, de los ojos que en vano ansían luz, de la lucha siempre renovada, de los malos resultados de todo, de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean, ¿Qué de bueno hay en medio de estas cosas?

Respuesta: Que tú estás aquí, que existe la vida y la identidad, Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso.

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