Darwinismo social: A la sombra del 1%

El darwinismo social es llevar la teoría de la evolución de Charles Darwin a aplicaciones sociales en poblaciones humanas.

Este modelo de sociedad está basado en la idea de la supervivencia del más apto concebido como mecanismo de evolución social y en la creencia de que el concepto de la selección natural puede ser usado para el manejo de la sociedad humana, basándonos en un modelo de competencia (racial, regional, de sistemas, de clases…) por unos recursos y estatus limitados.

En este modelo de sociedad, aquellas personas que no se desarrollen en entornos favorables o que no sepan desempeñar bien sus roles son apartados y los que logren adaptarse a entornos dínamicos, sin encontrarse limitados por un código moral o ético seran favorecidos logrando el control sobre la especie humana en proporción inferior a 20/80.

La lucha por los derechos y las conquistas sociales se ven reducidas a un conjunto de reformas perpetuas sobre las leyes sociales y políticas en un plano de lucha entre individuos o grupos humanos, concebidas en el tiempo como una forma de “progreso” social y biológico donde grupos minoritarios se imponen a una mayoría desconforme.

Este modelo social y sus argumentos nos han conducido a la matanza en masa de millones de seres humanos durante los siglos XIX y XX y está ayudando a perpetuar las injusticias sociales, la sed y el hambre en el mundo con el argumento de la supuesta inferioridad innata de algunos seres humanos o de sus modelos de sociedad, a pesar de que técnicamente disponemos de los medios necesarios para erradicar estos problemas tan básicos.

La cumbre del G-8, “darwinistas sociales” se perciben a sí mismos como protagonistas de un gran casino en el que la banca siempre gana y somos nosotros quienes pagamos.

Todo aquello que a nosotros nos separa es lo que les une ya que mientras que haya división, mientras un jornalero en Bombay haga lo mismo que tú por un poco menos, mientras tu beses una cruz y otros se arrodillen al sureste, mientras algunos seais hombres y otros mujeres, mientras no seamos uno y desechemos los conflictos seguiremos saltando al compás del 1% al ritmo del más fuerte.

Todo esto ocurre frente a nuestros ojos, en el plano siempre invisible del abuso (Invisibilizado por el mecanismo de autodefensa-supervivencia de nuestro cerebro, potenciado cuando el ambiente es especialmente hostil).

Sobre este tablero y estas reglas de juego solo hay una pieza capaz de darle la vuelta a la partida y es la empatía. El amor y el respeto a uno mismo y la solidaridad hacia los demás.

Abrir los ojos, correr las cortinas y redescubrir el mundo. Abandonar a los dioses y a los ídolos por un renovado respeto por la vida. Apartar toda idea de conquista sobre los demás. 8 países del norte no pueden decidir sobre la vida de 196.

No existen los recursos escasos, solo aquellos que son susceptibles de ser sustituidos por otros más abundantes.

Si aun no lo ves claro, si aceptas con resignación que para mantener tus niveles de consumo otros estén pagando con sus vidas, recuerda estas palabras de Montesquieu:

“La injusticia sobre uno sólo de nosotros, es una amenaza dirigida a todos”.

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