La Ciencia de la Desinformación

El enorme desarrollo tecnológico de los últimos años en informática, redes y telecomunicaciones nos ha llevado a vivir lo que muchos expertos califican como “la sociedad de la información”.

Desde el punto de vista social y económico, cuanto más informado está una persona, mayor es su grado de libertad. Esto es así porque puede basar sus decisiones en función de los conocimientos que tiene. Estar bien informado le permite disponer de un abanico más amplio de posibilidades y elecciones seguras, ya que siempre puede contrastar la información disponible apoyándose en estudios, datos, opiniones, críticas, trabajos, páginas web, foros o comentarios que se hayan hecho sobre cualquier tema.

¿Pero, realmente es así? ¿ Está el conjunto de la sociedad mejor informada? La respuesta es NO.

A pesar de lo que crea la mayoría de la gente, la sociedad está hoy más desinformada que nunca.

Hoy podemos entrar con un simple ordenador en cualquier oficina, catálogo o biblioteca del mundo y consultar grandes enciclopedias, dicionarios, ensayos y bases de datos; pero casi nadie lo hace porque no estamos educados para ello.

Las escuelas españolas son, desde hace mucho tiempo, un lugar donde al ser humano se le adoctrina para estar hecho al trabajo productivo, en un país en el que ya no se necesita producir tanto sino desarrollar nuevas tecnologías e ideas.

A los chicos y chicas solo se les programa para que aprendan a seguir un horario, en un espacio reducido y que fijen su atención en tareas concretas, bajo las órdenes de un mando superior. Y todavía nos preguntamos por qué tenemos un 33% de fracaso escolar. Nuestras escuelas son fábricas de operarios o ¿por qué no decirlo? Cárceles, lugares llenos de barrotes y muros. Se encierran los cuerpos y las mentes de los alumnos sin nutrirlos de práctimente nada, en un periodo de aprendizaje de más de 15 años, donde cada curso se repasan las mismas asignaturas, con los mismos contenidos y bajo el mismo formato. Realmente frustrante y totalmente innecesario.

Nuestra sociedad avanza a un ritmo al que la mayoría de los adultos no podemos seguir y nuestra única esperanza es permitir que los jóvenes nos lleven y guien hacia ese mañana mejor que casi podemos rozar con los dedos. No podrán hacerlo mientras continuen enjaulados en sus aulas, en sus casas y azotados por la precariedad y la crisis. Necesitamos innovar para salir del atolladero pero no formamos nuevos talentos y permitimos que los mejores científicos y jóvenes promesas se nos vayan. Somos todo un ejemplo de fagocitosis; nos hemos convertido en aquella serpiente que se tragó su propia cola y que trataba, sin saberlo, de digerirse a si misma.

Sin nuestros talentos jóvenes estamos perdidos. La mayor parte de nosotros vamos quedando obsoletos, ¿cuantas personas hay que no van a leer este post porque ni siquiera tienen acceso a internet o porque no saben usarlo? ¿cuantos son capaces de distinguir una información cierta de una falsa? ¿y cuantos hay que sean capaces de leer siquiera una información completa y entenderla?

No se engañen, somos 47 millones y la inmensa mayoría vive en la ignorancia y la desinformación. A nivel individual y dentro de un perfil muy concreto de persona, uno puede llegar informarse, quizás uno de cada diez míl, los otros 9.999 carecen de tiempo y facultades entre compromisos y obligaciones. Algunos no disponen de suficiente formación, otros prefieren estar desinformados para no pasar un mal trago o directamente no les interesa y prefieren una vida superflua.

Para la mayoría, internet sigue siendo un portal para ver o descargarse vídeos, música, juegos, series, películas, fotos, para chatear con los amigos en foros, twitter ó facebook. Solo una minoría lo utiliza para mantenerse informado y poder tomar decisiones útiles o para formarse y casi siempre por obligación laboral o académica.

Y aún así los que lo hacen tienen que lidiar con las faltas de ortografías de los usuarios, los estilos de expresión de los autores, los traductores de idiomas, el lenguaje técnico, las informaciones incompletas o falsas, el propio significado del contexto de cada hilo o artículo y el complejo método de selección de los motores de búsqueda en internet.

Cuando buscamos en internet una palabra, podemos obtener entre 15 y 20 millones de resultados y como consecuencia de ello, casi nadie va más alla en su búsqueda de las 5 o 6 primeras filas, no hablemos ya de las primeras páginas.

La información que encontramos en las cabeceras de Google, está controlada por quienes pueden situar sus espacios webs en las primeras páginas y que pagan para ello. En otras palabras, están financiadas por quienes pertenecen al grupo de poder económico que lo controla todo y desde que se inventó la imprenta, los medios siempre defienden la opinión de quienes los poseen. Toda una Ciencia de la Desinformación.

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