Estamos solos en el universo

Deberíamos parar el programa SETI y dejar de buscar vida inteligente extraterrestre porque la verdad es que estamos solos en el universo. No se trata de que haya vida inteligente o no allá fuera, de lo cual estoy seguro, sino de aceptar que, a pesar de que ellos “están ahí fuera”, seguramente pasan de nosotros. Es tal y como ocurre en La Tierra. Estamos rodeados de seres inteligentes y todos pasan de nosotros porque la consciencia implica soledad. La vida inteligente de ahí afuera ya sabe de nosotros, se ha dado cuenta de que existimos y no tienen el más mínimo interés en comunicarnos.

Actualmente los seres humanos empleamos demasiado tiempo y recursos en nuestros deseos de comunicarnos con los demás. Miles de millones en Fibra óptica, antenas, estaciones y redes de datos cuando la realidad es que pasamos los unos de los otros. Tanto en la vida real como en la red: familiares, amigos, compañeros del trabajo… todos van a lo suyo y ya es hora de madurar y empezar a aceptarlo. Los seres pensantes venimos y nos vamos de este mundo solos.

El desarrollo tecnológico se ha convertido estos últimos años en una carrera contra la soledad hasta que terminemos comprendiendo que estamos tirando el dinero suplicando un poco más de atención por parte de los demás. Creo que sería mucho más económico y mentalmente más sano abandonar tales ideas y empezar a vivir con más dignidad.

Pero ¿Es concebible vivir una vida en la que estemos emocionalmente solos?

En la sociedad, todos dependemos unos de otros para casi cualquier cosa. Dependemos de que el panadero se levante a las 4 de la mañana para hornear pan, de que los basureros se lleven nuestros desperdicios, etc. ¡Y eso está bien! Así se organiza la sociedad y de esta manera, asignamos funciones diferentes a cada persona por el bienr común. Sin embargo, depender emocionalmente de los demás ya es harina de otro costal. Eso significa depender de otros para mi felicidad.

Cuando hacemos eso, poner nuestra felicidad en manos de los demás, terminamos exigiendo que los demás contribuyan quieran ellos o no a conseguir nuestra felicidad y eso nos hace dependientes. Ser emocionalmente dependiente significa vivir con miedo. Así es como empieza el terror: temor a perderlo todo, temor a estar alienado, temor a pensar, temor a ser rechazado. Esos fuertes sentimientos nos llevan a controlar a los demás y a dejar que nos controlen. Nos decimos que eso es amor. Eso no es amor, ni tampoco felicidad. El amor no entiende de miedos ni dudas, donde hay amor no hay exigencias ni expectativas insatisfechas, no hay dependencia.

Al buscar respuestas fuera de nosotros estamos exigiendo de alguna manera que seres del espacio nos contesten, que nuestros familiares estén encima nuestra, que nuestros amigos nos presten atención por Facebook y los desconocidos nos sigan en twitter. En definitiva, buscamos llamar la atención y que nos distraigan, que nos hagan felices. Nadie te cuenta que tu felicidad no está en los demás. Yo no debo exigir que me hagas feliz; mi felicidad no está o no debe estar en ti. Debo dejarte ir porque dejarte ir es dejar ser. Igualmente, si tu me dejas, no debo de condolerme de mí mismo; yo disfruto enormemente de tu compañía, pero no me aferro. Disfruto sin aferrarme. Lo que realmente disfruto no es de ti; es de algo más grande que nosotros. Disfrutamos de la compañía.

Debemos aprender a estar solos y a dejar solos a los demás ¿Puede decirse que tú amas algo si te aferras a ello y no lo dejas ir, sino lo dejas ser? Es por eso que no se ponen en contacto con nosotros seres de otro universo, simplemente nos están dejando a nuestro aire. No os quepa la menor duda.

Porque aquí tiene el ser humano una oportunidad de ser pleno y feliz. ¿Qué locura, verdad? Eso es buena señal. Cuando uno llega a ese punto de cuestionarse si lo que se está pensando es una locura o lo son todos los demás es señal de que estamos despertando a la realidad. Se está uno convirtiendo en un místico, lo contrario de un loco. Esa es la señal inequívoca de estar despertando de las falsas ilusiones y el miedo a la soledad, de la alienación y los convencionalismos sociales. Sabes que estás despierto cuando te preguntas: “¿Estoy loco, o son los demás los que lo están?”

Así es, realmente, porque estamos locos. El mundo entero está loco. La única razón por la que no estamos todos encerrados en un manicomio es porque somos demasiados. Vivimos de ideas locas acerca de la identidad, del amor, de las relaciones y de la felicidad o el gozo. Por ejemplo, nos enseñan a condicionar nuestra felicidad: “Seré feliz cuando sea madre, cuando me case, cuando encuentre trabajo, cuando pague la hipoteca, cuando mis amigos me respeten, cuando “x” me quiera…

Hemos llegado hasta tal punto que si todo el mundo está de acuerdo sobre algo, podemos tener la más absoluta seguridad que todos están equivocados. Como dijo el padre de la psiquiatría moderna Sigmund Freud: “Si dos o más personas piensan y hacen exactamente lo mismo, no tengas ni la menor duda que al menos una de ellas está pensando por las demás”.

Y esa es la mayor virtud de la soledad; que todas las grandes ideas y las mejores revelaciones empezaron en soledad, en la minoría de uno solo. Y hasta que no aceptemos nuestra soledad en el universo nunca podremos tener grandes ideas por nosotros mismos. La historia está llena de ejemplos:

Ese hombre llamado Jesucristo – minoría de uno -. Todo el mundo decía algo diferente sobre lo que Él decía. Y lo mismo pasó con Martin Luther King, John Lennon o Julio Anguita, por citar un ejemplo español.

Creo que fue Bertrand Russell quien dijo: “Toda idea grande empieza como blasfemia”, eso es cierto, y dicho con exactitud. Sabréis que vivís cerca de alguien libre, si continuamente le escucháis decir muchas blasfemias. Señal inequívoca de que se está cerca de una persona grande.

Hay que dejarlo todo y abrazar la soledad. No se trata de un renunciamiento físico, de irse a una montaña a cazar ardillas para cenar. ¡Compréndelo! Eso es hasta fácil. Lo difícil es dejar de hacerse ilusiones sobre los demás y contar solo con tus propias fuerzas. Cuando tus ilusiones se acaban, por fin estás en contacto con la realidad, y así nunca volverás a sentirte solo, nunca más. La soledad no se cura con la compañía humana. La soledad se cura con el contacto con la realidad. Tengo muchísimo que decir sobre eso.

El contacto con la realidad, la desaparición de nuestras ilusiones, el contacto con lo real. Sea lo que sea, no tiene nombre. Solamente podemos conocerlo abandonando lo que es irreal. El capitalismo, la competitividad, el éxito, títulos honores, medallas, etc. Cuando dejes  de aferrarte,  Usted podrá saber lo que es la sobriedad, la soledad sobria. Cuando renuncie a su dependencia.

Pero el primer paso para lograrlo es que lo vea como deseable. Si no lo ve como deseable, ¿cómo puede llegar a acercarse? Piense en su soledad. ¿Desaparecería por la compañía humana? Ésta sólo servirá de distracción. Adentro hay un vacío ¿no es así? Y cuando el vacío sale a la superficie, ¿qué hace usted? Huye, enciende el televisor, enciende el radio, lee un libro, busca compañía humana, busca entretenimiento, busca distracción. Todo el mundo hace eso.

Actualmente esto es un gran negocio, una industria organizada para distraernos o entretenernos. Conócete a ti mismo y nunca más estarás solo ni necesitarás una distracción y el mundo no tendrá más remedio que caer rendido a tus pies.

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