La vida sin rótulos

Oigo mucho las palabras comunista, chavista y podemita.

Aceptémoslo, las cosas no van bien. Es necesario un cambio. Pero para cambiar el rumbo de las cosas antes hay que entenderlas y no se puede comprender algo que no se conoce, algo a lo que se teme y sobre todo, algo a lo que se prejuzga.

¿Alguna vez te enamoraste de alguien y no tuviste ni la más mínima posibilidad con esa persona por haber caído en el “cajón de los amigos”? Entonces sabrás a qué me refiero cuando hablo de rótulos.

Cuando alguien dice de Pablo Iglesias o cualquier otra persona de Podemos que está con el castrismo de cuba o que “es un terrorista”, se interrumpe en ese momento cualquier posibilidad de entendimiento y comprensión. Usted le puso a esta persona un rótulo. “capitalista”, “comunista”, “izquierdas”, “derechas”, “coletas”, “parado”, “licenciado”, “pensionista”, “madre”, “padre” no son más que rótulos.

El problema de los rótulos es que siempre llevan ecos de aprobación o desaprobación. ¡Aun peor! ¿Cómo vas a comprender lo que de antemano apruebas o desapruebas? Sólo existe una única forma de entender y cambiar la realidad y es cuestionándote todas las cosas.

Ábrete a un mundo nuevo. Sin juicios de valor, sin comentarios fuera de tono, sin actitud de aprobación o desaprobación. Simplemente prueba, mira y escucha con los ojos de un niño.

Los ciudadanos que nos estamos organizando para aliviar la terrible realidad que viven muchos vecinos y vecinas de este país solo rendimos cuentas a nosotros mismos y no tenemos nada que ver con la imagen que las televisiones pretenden proyectar de nosotros. Yo no soy etarra ni chavista. ¡Soy de un pueblo de Sevilla, despierten!

No me juzguen, traten de comprender. Como millones en este país, hice todo bien. Trabajo y estudio desde los 17 años y me pongo el pantalón por las perneras como todo el mundo ¿De quiénes están hablando cuando gritan “venezolanos chavistas”, de mí? Afronten la verdad, la televisión les está alejando de la realidad.

Y por mucho que se evadan tarde o temprano la realidad va a alcanzarles así que piensen. Escuchen, traten de comprender y observen sin ningún otro fin distinto de averiguar qué está pasando en nuestro país. Háganlo sin rotular a nadie.

Lo más probable es que el día que ustedes logren una actitud como esta experimentemos un milagro. Cambiarán sin esfuerzo. El cambio ocurrirá, sin más, sin tener que esforzarse por lograrlo. Es algo que tienen que experimentar ustedes mismos, ni yo ni nadie puede mostrároslo.

Os aseguro que no hay nada más maravilloso que ser consciente. Vivir en contacto con la realidad y no perderte o dejarte nada por el camino. Lo único mejor que experimentar eso por uno mismo sería verlo también en los demás. No me puedo ni imaginar una sociedad donde todo el mundo fuera libre y responsable de sí mismo. Eso sería sin lugar a dudas una vida en la luz. Si tú llegaras a sentir algo igual ¿Preferirías seguir viviendo en la oscuridad? Los griegos clásicos decían que “una persona que conoce el bien no puede hacer el mal”. Tal vez eso estuvo mal expresado. Tal vez hubiera sido más preciso decir que “aquellos que vivan conscientes y experimenten el bien no querrán actuar mal”.

¿Quién preferiría actuar inconscientemente como un autómata, hablar y no ser consciente de sus palabras? ¿Preferirías oír a la gente y no saber lo que estás oyendo o ver las cosas y no entender lo que estás viendo? Fue el gran Sócrates quien dijo: “La vida sin consciencia no merece ser vivida”. Ésa es una verdad absoluta.

La mayoría de la gente no vive una vida consciente. Vive una vida mecánica, con pensamientos mecánicos y reproducidos – por lo general ajenos -, ¿Quieres ver cuán mecánico eres realmente? “¡Qué ojos tan bonitos tienes!” Te sientes bien oyendo eso. Te sientes orgulloso de tus ojos cuando oyes eso. Cuando los extranjeros vienen a tu país, todo les parece especial: “¡Qué lugar tan encantador, qué árboles tan bonitos hay aquí!” Pero de esos árboles tú no tienes ninguna responsabilidad, como tampoco la tienes de tus ojos. ¡Qué clima tan estupendo!” Y todas estas cosas nos hacen sentirnos bien.

Si te paras a analizarlo por un momento no deja de ser sorprendente. “¿Hay algo más estúpido que eso?” Yo no soy responsable de esos árboles; no fui responsable de que los turistas eligieran venir a este lugar, no decidí el fantástico clima de nuestro país ni siquiera el color de mis ojos, sencillamente sucedió así. Pero el ego interfirió, el “mi” se metió por medio, de modo que me siento bien. Me siento bien sobre “mi” cuerpo, “mi” cultura y “mi” nación ¡Qué estúpido! Lo digo en serio. Me dicen que por mi gran cultura he producido todas esas obras, esos cuadros, esa música, grandes pensadores, ruinas, tradiciones y lugares. Yo no los produje. Yo no soy responsable de ellos.

O también nos dicen: “Este país tuyo y su corrupción, su picaresca, su idiosincrasia y su pobreza – ¡es horrible!” Me avergüenzo. Pero yo no la he creado. ¿Qué está pasando? Si un día permitís que alguien os diga que estamos en la Champion League de las economías de occidente solo te estás preparando para un día te digan “Habeis vivido por encima de vuestras posibilidadades”. Eso es lo que hacen los buenos vendedores de humo como Coello: “Eres especial”  y uno se siente maravilloso. Obtienes un estímulo positivo (sopa de pollo para el alma). Algún día voy a escribir uno de esos libros y el título será “Yo soy un estúpido y tú eres un estúpido”. Pasa de leer El Alquimista, no hay nada más liberardor que esto. Admitir que uno es un estúpido y que nos han tomado el pelo es lo más liberador que existe, lo más maravilloso porque es el comienzo de un mundo nuevo.  Cuando usted admita públicamente que es un estúpido será que vamos por buen camino.

Yo ya lo he asimilado. Cuando la gente me dice: “te equivocas” o en un lenguaje más coloquial: “deberías cambiar de camello” y últimamente también “tu líder te ha lavado el cerebro y eres un Podemita” yo digo: ¿Qué más se puede esperar de mí’, ¡soy un estúpido!

Desarmados, todos debemos estar desarmados. En la liberación final, yo soy un estúpido y tú también. Lo contrario a esta lógica, por lo general, implica que alguien oprime un botón y yo me siento bien o viceversa. Yo oprimo un botón y usted se siente bien o oprimo otro botón y usted se siente mal. ¿A usted eso le gusta? ¿Cuántas personas conoces que no se dejen afectar por la alabanza o la crítica? ¡Hombre, las críticas nos afectan porque somos humanos!

Humano entonces significa que debemos de ser un poco como un mico, de modo que todos pueden influirnos y decidir qué debemos o no hacer. Pero, ¿eso es humano? Mira, Si les parezco encantador a alguno de ustedes, eso quiere decir que en este momento están de buen humor o que lo que yo les estoy diciendo les está cayendo bien en este momento, nada más. También significa que cumplo con sus expectativas.

Todos tenemos una lista de expectativas, y es como si usted tuviera que estar de acuerdo con esa lista: la lista del buen español, del buen indignado, de esto o de lo otro.

Voy a votar a este porque me gusta el timbre de su voz. Usted también dice: “Estoy enamorado”. No, usted no está enamorado, no sea estúpido. Cuando está enamorado o encandilado con alguien usted es, en ese momento, particularmente estúpido. Siéntese y observe lo que le está pasando. Está huyendo de sí mismo. Quiere escapar. Alguien dijo cierta vez: “Gracias a Dios por la realidad y los medios para escapar de ella”. De modo que eso es lo que le pasa. Somos muy mecánicos, estamos muy controlados.

Escribimos libros sobre el control y lo maravilloso que es ser controlados. Cada día vemos reportajes en televisión que nos muestran lo necesario que es que nos diga qué hacer. Entonces nos sentimos bien con nosotros mismos por cumplir con los cánones. Nos hemos convertido en los guardianes de nuestra propia cárcel ¡Qué maravilloso es estar en la cárcel! Vivir enjaulados.

¿A usted le gusta estar preso? ¿Le gusta que lo controlen? Le diré algo: Si usted se permite sentirse bien cuando la gente le dice que está bien, se está preparando para sentirse mal cuando le digan que está mal. Mientras viva para cumplir las expectativas de otras personas, es mejor que ponga atención a la ropa que usa, a la manera de peinarse, a si sus zapatos están brillantes; en resumen, que se fije a ver si cumple todas las malditas expectativas de los demás, ¿Usted cree que eso es humano? Yo no pienso ser un buen español, ni un buen vecino ni un buen contribuyente, ni tener un excelente perfil de Facebook o cualquier otra parida que se os ocurra. Voy a ser yo y punto. ¡Deja esas cosas mundanas atrás y comienza a observarte de verdad!

Sabes lo que pasará cuando te observes a ti mismo? La verdad es que usted no está ni bien ni mal. Bueno, puedes estar dentro del actual canon y ser trendy ¿Significa eso que estás bien? ¿Estar bien depende de eso? ¿Depende de lo que la gente piense de ti?

Tú no estás bien ni mal. Tú eres tú. Espero que ése sea vuestro gran descubrimiento, al menos para algunos de ustedes. Si tres o cuatro de ustedes descubren esto leyéndome ¡Extraordinario! Eliminen todos esos cuentos de estar bien o no estar bien; eliminen todos los juicios, y, sencillamente prueben, miren y escuchen. Harán grandes descubrimientos. Esos descubrimientos producirán cambios. ¡No tendrán que hacer el menor esfuerzo, créanme!

Había una vez un inglés durante la Segunda Guerra Mundial que Viajaba sentado en un autobús londinense. Llevaba encima de las piernas un paquete envuelto en papel de color marrón muy grande y pesado. El conductor se le acercó y le dijo:

-Oiga, ¿Qué es lo que tiene ahí en las piernas?

+Es una bomba que no ha explotado, la encontramos en un jardín a una hora de aquí y la llevo a la base militar.

-Usted no debiera llevar eso en las piernas. Póngala debajo del asiento.

Así somos los seres humanos, nos quitamos la bomba de entre las piernas y la ponemos debajo del asiento. Pasamos del Psoe al Pp. Estamos así porque no solucionamos nuestros problemas. ¿Alguna vez has pensado en esto? Usted tenía un gran problema y ahora lo ha cambiado por otro. Siempre será así hasta que solucionemos ese problema llamado “Usted”. Hasta que despertemos y abandonemos los rótulos. ¿Podemos? Igual ahora sí nos entendemos.

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