¿Ganar o perder?

Creo que fué Oscar Wilde quien dijo que la única tragedia que hay mayor que no conseguir lo que quieres es conseguirlo. Mucho se ha escrito sobre ganar y perder: que el éxito no es más que una gran suma de fracasos, que la clave consiste únicamente en insistir o que es mejor haber luchado y perdido que nunca haber amado…

Toda una suerte de clichés, que se hacen realidades cotidianas a base de repetirlas como un mantra mientras unos y otros vienen y van. Discursos que nos hacen desear ser los mejores en cualquier cosa, argumentarios de empresa, consejos de padre, frases en blanco sobre fondo negro con la cara estampada de algún tipo, consignas de valor para la jornada maratoniana de entrenamiento en el gimnasio, pedacitos de películas colgados en youtube para cebar la moral abatida o libros que quieren ser el caldo de una sopa de pollo para el alma.

Reflexionando esta mañana sobre ganar y perder me he dado cuenta que siempre que pierdes, ganas: ganas experiencia, paciencia o libertad ya que de algún modo te liberas… y siempre que ganas, pierdes: dejas de ser la persona que eres para convertirte en aquella en la que vas a ser y entonces es costumbre que algo se quede por el camino.

Pero una cosa es segura, las decisiones: los pequeños o grandes éxitos y fracasos nuestros o de los demás generan cambios que a su vez mueven a otros a tomar decisiones que vuelven a generar cambios. Una vez que estos se han producido, ya no hay vuelta atrás. Como sacar la pasta de dientes de su envoltorio, una vez fuera ya no la puedes regresar. Así que aunque muy en el fondo de nuestros corazones las personas solo deseemos vivir en paz, por el hecho de compartir este mundo estamos obligados a jugar en él.

Una vez repartida la baraja entre los jugadores o pides cartas de nuevo o pones tus fichas sobre la mesa. Tras un par de rondas de miradas y tanteos unos irán con la mano que les ha tocado, otros apostarán por si mismos y entrarán en el juego a pesar de no llevar nada y otros se levantarán de la mesa para sentarse en la barra y repasar qué les ha ido mal o recordar tiempos mejores. Pero para mi los verdaderos perdedores son aquellos que jamás se han sentado ni se sentarán a jugar, incapaces de sostener las cartas por tener bajados los brazos, incapaces de sostener sus ideas por tener bajada la mirada.

Porque si tuviste un sueño y te sentaste a la mesa, si peleaste por una esperanza y trastaste de transmitirlo en este loco mundo no importa si llevas la mano ganadora, que farolees o pierdas… Porque si alguna vez estuviste ahí siempre algo queda, tal vez una frase, un gesto o ni eso, un pequeño aliento robado, un pálido recuerdo que vale más que cien estatuas, que una bandera o un himno: La esperanza que nunca entiende ni entenderá de ganar o perder.

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