¿Por qué existe el mal y sufrimos inevitablemente?

Hasta ahora, el mal, las incertidumbres de la vida y las terribles vicisitudes de la existencia habían escapado a nuestra comprensión, desconcertando incluso a los físicos. Y es que toda vida se ve continuamente acechada por el mal, la catástrofe y las inevitabilidades.

¿Por qué existe el mal? Si tratamos de verlo desde el punto de vista de la física, fue el científico Erwin Schrödinger quien en 1935 planteó, de forma muy ingeniosa, un experimento compuesto por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual tiene una probabilidad del 50% de liberar el veneno en una cierta cantidad de tiempo, de manera que el gato muere.

Si repetimos el experimento miles y miles de veces, llega un punto en el que sobre el papel podemos considerar que el gato está al mismo tiempo vivo y muerto todas las veces antes de abrir la caja y que coexisten una realidad trágica de visicitudes y otra realidad plena donde el gato nunca sufre ningún daño. Sin embargo, al abrir la caja para comprobar el estado del gato, nuestra propia observación “fuerza” a la realidad a elegir y encontraremos que el gato está obligatoriamente o vivo o muerto. Este video lo explica muy bien.

Pero por muy fascinante que la ciencia nos pueda llegar a parecer, en realidad la pregunta sigue sin estar contestada ¿Por qué tienen que existir en este mundo ambas posibilidades? ¿Por qué sufrimos maldades, inevitabilidades y visicitudes?

Y he aquí la respuesta:

En el mundo ¿Son el valor y la fuerza de carácter cualidades deseables? Sí, así es. Para eso, el ser humano debe criarse en un ambiente que requiera enfrentamiento continuo a las dificultades y desarrollar tolerancia a la frustración.

¿Es el altruismo, el servicio a los semejantes, algo necesario? Sí. Entonces la experiencia de vida debe proporcionarnos el encuentro con situaciones de desigualdad social e injusticias que superar entre todos.

¿Es la esperanza, la creencia en la magnitud de nuestras propias fuerzas, deseable? Sí. Entonces la existencia humana debe enfrentarse constantemente con inseguridades e incertidumbres que nos pongan a prueba de manera constante.

¿Es la fe, la creencia en nuestras convicciones ideológicas, políticas o religiosas, que tantas veces han hecho progresar el pensamiento humano, algo deseable? Entonces nuestras mentes deben hallarse en esa dificultad problemática de saber siempre menos de lo que podemos creer.

¿Es el amor a la verdad y la disposición de ir donde quiera que ésta nos lleve, algo deseable? Entonces la gente debe crecer en un mundo donde coexistan con el error y la falsedad, de manera deban de esforzarse siempre para dilucidar la verdad.

¿Es el idealismo, el gusto por la belleza, los conocimientos y la búsqueda de la perfección, deseable? Entonces el hombre debe luchar en un ambiente de bondad y belleza relativas, en un ambiente que estimule el anhelo incontenible de luchar por conseguir elementos más bellos y realidades mejores.

¿Son la lealtad, el servicio a los demás y el sentido del deber, deseables? Entonces el hombre debe servir rodeado siempre por la posibilidad de la traición y deserción propias y ajenas. La devoción al deber tiene valor por el peligro implícito del incumplimiento.

¿Es la devoción, la capacidad de olvidarse de uno mismo, deseable? Entonces el ser mortal debe vivir cara a cara con la incesante tentación de alimentar el Ego. El clamor del “yo” que exige incesantemente reconocimiento y honor. El ser humano no puede madurar si no existe una vida superficial basada en el “yo” a la que renunciar.

¿Es la moralidad, la capacidad de ceñirse a unas normas para convivir, algo deseable? Entonces las personas tendrán que renunciar a muchos de sus deseos voluntariamente, de lo contrario nunca podrían encontrar la rectitud, si no hubiera ninguna tentación que diferencie entre el bien y el mal por contraste.

¿Es el placer, la satisfacción física de la felicidad, deseable? Entonces el hombre debe vivir en un mundo en el que la alternativa del dolor y la probabilidad del sufrimiento son posibilidades y experiencias siempre presentes. Un mundo donde debe aprender a superar el miedo para salir de la zona de seguridad a pesar de que pueda provocar placer o dolor.

Así, lo mires por donde lo mires, ya sea desde el punto de vista científico del gato de Schrödinger o desde la filosofía universal, somos parte de un todo. Y lo cierto es que la construcción de nuestra la realidad depende sólo de nosotros. De nosotros depende nuestra experiencia en La Tierra, que ésta sea buena o mala.

Nuestra supervivencia y evolución depende de la cooperación hacia los buenos propósitos. Depende, digamos, de que apostemos que el gato seguirá vivo cuando abramos la caja a pesar de que exista la posibilidad de que esté muerto. El propósito de todo, es el deseo sincero y la disposición perfecta de hacer el bien. Pero siempre existira la posibilidad de la destrucción y el mal. Ya que un mundo que evolucione sin posibilidad de farsa o error sería un mundo sin inteligencia libre.

El ser humano debe de seguir evolucionando, aprendiendo poco a poco a ser infalible siendo libre, libre de errar y de destruir en lugar de crear, pero libre también de elegir el bien en lugar del mal por un acto de responsabilidad.

Y he aquí la clave, lo más importante de todo. La responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra realidad. La responsabilidad de salvarle la vida al gato. El don que nos da la inteligencia y el precio que tenemos que pagar por nuestra libertad, por poder vivir y expermientar nuestra vida libremente y de manera inexperta.

Nuestra inexperiencia no puede de ninguna manera, al principio, hacernos igual de sabios a todos. La posibilidad de hacer un juicio o una valoración erróneas y de causar el mal se convierte en un acto condenable sólo cuando se hace demanera voluntaria, es decir: a mala leche, de forma consciente y se escoge a sabidas un camino inmoral. Sería el equivalente a desear encontrarnos muerto a nuestro gato. Todo depende del ojo del observador, de nuestra percepción buena o mala de la vida y de las cosas. De nuestra capacidad para ver, para oir, para pensar y para amar. Para apartar la esencia del ruido.

“Cuando el ojo no está obstruido, se tiene visión; cuando el oído no está obstruido, se oye; si la mente no está obstruida, se obtiene sabiduría y Si el corazón no está obstruido, el resultado es el amor”.

Precisamente por eso, es por lo que sufrimos maldades, inevitabilidades y visicitudes. A pesar de ello, siempre podemos optar entre elegir el camino recto o el camino fácil. Sino no podríamos llegar a ser fuertes, generosos, confiados, valientes, honestos, morales. Sin dificultades no alcanzaríamos la sabiduría ni conoceríamos el amor.

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