El Caballero de la Armadura Oxidada. Tercera parte: El Sendero de la Verdad.

Cuando el caballero despertó Merlin estaba sentado a su lado.

-¡Siento no haber actuado como un caballero!. Mi barba está hecha una sopa.

+No os excuséis. Acabáis de dar el primer paso para liberaros de vuestra armadura. Es hora de que os vayáis. Estar atrapado entre todo ese acero os ha causado muchos problemas, incluso podrías morir de una neumonía por culpa de una barba empapada.

-Supongo que sí, mi barba es un fastidio, y estoy harto de comer papillas.

+Y ¿Cuándo fue la última vez que sentisteis un beso u olisteis una flor sin que la armadura
se interpusiera?

-Con sinceridad, ya ni me acuerdo. Tienes razón, tengo que librarme de esta armadura por mí mismo. Pero ¿Cómo puedo cambiar todo eso?

+No es tan difícil. Mirad, ese de allí es el sendero por el que llegaste a estos bosques.

-¡Si yo no seguí ningún sendero, estuve perdido durante meses!

+La gente no suele percibir el sendero por el que transita –.Replicó Merlín.- y podéis regresar por el mismo camino cuando gusteis, pero ya sabeis a dónde conduce: a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia -.El mago señaló ahora hacia otro camino, éste era mucho más estrecho y empinado que el anterior y conducía a lo alto de la montaña. Era el sendero de la Verdad.

-¿Qué conseguiré cuando llegue a la cima? –.Preguntó el caballero.

+No se trata de lo que ganareis, estais acostumbrado a ir acumulando cosas andadura tras andadura; se trata de lo que NO tendréis ¡Vuestra Armadura!

-Está bien, probaré el sendero de la Verdad. Iré a buscar a mi fiel corcel.

+¡Oh no, de ninguna manera -.Dijo Merlín.- Hay partes demasiado estrechas que un caballo no puede pasar, tendrás que ir a pie. Aunque no tendréis que viajar solo, ardilla te acompañará.

-¿Pretendes que cabalgue sobre una ardilla?

+Puede que no me puedas montar –.dijo la ardilla.– pero me necesitarás para comer.

Rebeca escuchó la conversación y comentó que ella también los acompañaría porque ha estado en la cima de la montaña y conoce bien el camino. la buena disposición que mostraban los animales para ayudarle proporcionó al caballero el coraje que necesitaba. Merlín sacó una llave dorada y se la dio al caballero:

+Ésta llave abrirá las puertas de los tres castillos que bloquearán vuestro camino hasta la cima.

-¡Lo sé!- dijo el caballero. Y habrá una princesa en cada uno de los castillos y mataré al dragón
que la retiene y las rescataré

+¡Basta! –.Lo interrumpió Merlin.– ¡nada de salver princesas, ni matar dragones y conquistar más castillos!. Tenéis que aprender a salvaros vos primero. El primer castillo se llama Silencio, el segundo Conocimiento y el tercero Voluntad y Osadía. Una vez que hayáis entrado en ellos, encontraréis la salida sólo cuando hayáis aprendido lo que habéis ido a aprender.

-¿Por qué no puedo solo rodear los castillos? Preguntó el caballero

+Si lo hacéis, te extraviarás y perderás el sendero. La única manera de llegar a la cima de la montaña es atravesando los castillos –.Dijo Merlín.-

El caballero suspiró profundamente mientras contemplaba la empinada y estrecha senda. Desaparecía entre los árboles que sobresalían hacia unas nubes bajas. Presintió que el viaje sería mucho más dificil que una cruzada. Merlín sabía lo que el caballero estaba pensando.

+Sí, es una batalla diferente la que tendréis que librar en el Sendero de la Verdad. La lucha será aprender a amaros.

-¿Cómo haré eso? -.Preguntó el caballero.

+Empezareis por aprender a conoceros -.Respondió Merlín.- Esta batalla no se puede ganar con la espada, así que la tendréis que dejar aquí. Si te encuentras con algo con lo que no puedes lidiar, llamadme y yo acudiré, cualquier mago que se aprecie puede aparecer en el momento que lo desee.

Dicho esto, partieron. Ardilla iba al frente y Rebeca en su hombro, después de unas horas, el caballero se derrumbó exhausto y dolorido. No estaba acostumbrado a viajar sin caballo y con la armadura puesta. Como ya era casi de noche, Rebeca y ardilla decidieron parar y dormir.

A la mañana siguiente le despertó el sol, su visera nunca había dejado pasar tanta luz, hizo un esfuerzo por sentarse y de repente se dio cuenta que podía ver mucho más que el día anterior y que el sol reposaba sobre sus mejillas ¡una parte de su visera se había roto y caído!

-¡Noto el aire en la cara! ¿Cómo habrá sucedido? Se preguntó.

+Se ha cuarteado por el óxido y se ha caído. –.dijo ardilla.

-Pero ¿cómo? -.Preguntó el caballero.

+Por las lágrimas que derramaste después de ver la carta en blanco de vuestro hijo –.Dijo Rebeca.

El caballero meditó sobre eso. La pena que había sentido era tan profunda que su armadura no había podido protegerle. ¡Las lágrimas de auténticos sentimientos me liberarán de la armadura!

Se puso de pie más rápido de lo que lo había hecho en años.

-¡Ardilla, Rebeca espabilad! ¡Vamos al sendero de la verdad!

Rebeca y Ardilla estaban tan llenas de alegría con lo que estaba sucediéndole al caballero que no le dijeron que su rima era malísima. Los tres continuaron la ascensión de la montaña. Era un momento especial para el caballero. Por primera vez en mucho tiempo, notaba las diminutas partículas de polvo iluminadas por el sol entre las ramas de los árboles. Miraba a los petirrojos y se daba cuenta de que no eran todos iguales. Rebeca le comentó que estaba empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estaba empezando a sentir las diferencias en su interior.

El caballero intentó comprender qué quería decir Rebeca exactamente pero no lo consiguió y prefirió guardar silencio. Era demasiado orgulloso para preguntar, pues todavía pensaba que un caballero tenía que ser más listo que una paloma. En ese preciso momento, Ardilla, que había ido a explorar, regresaba alborotada.

+El primer castillo, el Castillo del Silencio está justo detrás de la próxima subida.

Al poco rato llegaron a la puerta del enorme primer castillo y el caballero les confesó a Ardilla y a Rebeca que estaba decepcionado. Había esperado una estructura más elegante. En lugar de eso, el castillo del silencio parecía uno más. Rebeca rió y dijo:

+Cuando aprendais a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.

El caballero asintió ante la sabiduría de estas palabras.- He pasado casi toda mi vida decepcionándome. Recuerdo que, estando en la cuna, pensaba que era el bebé más bonito del mundo. Entonces mi niñera me miró y me dijo: “teneis una cara que sólo una madre puede amar a nadie le huelen sus pedos ni sus hijos son feos”. Me sentí decepcionado por ser feo en lugar de hermoso, y me decepcionó que la niñera fuera tan insensible.

+Si realmente os hubiérais sentido hermoso, no os hubiera importado lo que ella os dijera. No os hubiérais sentido decepcionado.- Explicó la ardilla.

-Estoy empezando a pensar que los animales sois más inteligentes que las personas.

+El hecho de que penseis y podais decir eso os hace tan inteligente como nosotros -.Replicó Ardilla.

+No creo que nada de esto tenga que ver con ser listo o inteligente -.Dijo Rebeca.- Los animales aceptamos, los humanos esperan. Nunca oireis a un conejo decir: “Espero que el sol salga por la mañana para poder ir al lago a jugar”. Si el sol no sale, no le estropeará el día al conejo. Es feliz siendo conejo.

-El caballero pensó en esto. No recordaba a nadie que fuera feliz simplemente por ser una persona.

Frente a la entrada del castillo, el caballero cogió la llave dorada de su cuello y la introdujo en la cerradura. Mientras el caballero abría la puerta Rebeca dijo:

+Nosotras no iremos contigo.

El caballero, que estaba empezando a amar y disfrutar de la compañía de los animales, se sintió decepcionado por que no le acompañaran. Estaba a punto de decirlo, cuando se dio cuenta. Estaba esperando otra vez. Ardilla y Rebeca sabían que el caballero dudaba entre entrar o no en el castillo.

+Te hemos mostrado la puerta -.Dijo Ardilla.- pero tienes que atravesarla solo.

Al alejarse volando, Rebeca le llamó alegremente: -Nos encontraremos al
otro lado.

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