Ese pequeño instante en el que casi prefieres que vuelva a ganar el Ppsoe

Hay pequeños instantes en los que casi preferiría que volviera a ganar el Ppsoe. Si no fuera por las miles de familias que están sufriendo recortes y desahucios, por los 5 millones de parados, los enfermos, los dependientes y la gente que se ha tenido que marchar, casi por un instante desearía que volvieran a ganar las elecciones.

Me gustaría estar allí cuando tengan que arremangarse y afrontar nuestros problemas (que no son pocos) ¿Porque quien los va a resolver? ¿Pedro Sánchez? ¿Rajoy? ¿los cínicos que viven en la resignación y la apatía? ¡Já!.

Ya vereis, simplemente cuando el litro de gasolina suba por encima de los 2 euros o cuando nuestro sistema de pensiones colapse debido a que no hay suficientes jóvenes trabajando para hacerlo sostenible.

Pedidles, pedidles a cualquiera de estos que confunden el mérito y la capacidad con la agenda de teléfonos, a los que solo saben ensalibar, ya sea para aplaudir o para abuchear.

Pedidles a los robagallinas que os solucionen algo o a sus infinitos ejércitos de lacayos chupópteros, a todos esos que vieron en la política una escalera mecánica, dónde si no levantabas mucho la voz y te quedabas quieto, los escalones te iban subíendo poco a poco hacia arriba sin esfuerzo.

Pedidles a toda esa flora y fauna de aforados, asesores, liberados, indemnizados y subvencionados (de sanguijuelas al fin y al cabo) que se organicen y busquen solución a vuestros problemas.

No señoras y señores, no vendrán de ellos las soluciones. Ellos sólo se acordarán del resto de los españoles para abrir la boca y poner la mano. Solo para pedir. Y Al final, cuando la realidad se imponga y estemos ya batallando por suplir las necesidades humanas más básicas, que se pongan frente a nuestro pueblo y que discutan por decimo tercera vez de planes de rescate, de marcas, de himnos, de banderas, de nacionalismos e inmersiones lingüisticas.

¿Sabeis que cada uno de nosotros ya acumula en su cuenta 24.000 euros de deuda pública? y no solo los adultos, también los ancianos y niños. ¿A quién mirareis cuando haya que hacer frente a esa problemática ineludible? 24.000 euros. A ver cómo vamos a pagar eso con un sueldo de 670 euros  a como está la vida  y los intereses se siguen acumulando. Cientos de millones cada día.

Que no os engañen, cuando un país toca fondo, los que están en la política por los coches, las dietas y las tarjetas harán las maletas y se quitarán de en medio. Y por eso, aunque solo sea por un instante, desearía que el Ppsoe volviese a ganar. Para que se hundieran en su propia mediocridad y ver como la gente se los come por los pies con zapatos y todo.

Cuando nuestros mayores vayan sucumbiendo y ya no puedan mantener a tanta gente de 30 y 40 años en sus casas mano sobre mano. Cuando los bancos internacionales se cansen de prestarnos un dinero que saben que no podemos devolver… Por un momento me olvido del mundo y deseo que les voten, para que estén sentados en primera fila y no se pierdan su final. El final que ellos se merecen y que han ido construyendo ladrillo a ladrillo, golpe a golpe y verso a verso. Y yo lo vería con un gran bol de palomitas desde alguna ciudad lejana e impronunciable. Triste por haberme tenido que ir de mi país, pero contento porque todo lo que va vuelve y la torta de la Casta va a ser memorable.

Pero entonces me acuerdo de que tras cada cifra hay una persona y no tengo más remedio que volver a la realidad y hacer lo posible porque todos y cada uno de vosotros desperteis y exijais una regeneración política tan deseada como necesaria para que esto vuelva a ser un lugar digno donde vivir y al que regresar.

Hasta que Pérez-Reviente.

A ver si lo he entendido, señor presidente… Hasta por morirme debo pagar un 21 %… A ver si lo entiendo. Insisto.

Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran.

Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente:

¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti?

¿Si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores… ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?

¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad… Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.

En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?

A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.

Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía… Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.

Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, “voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición”; “me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario”; “voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible”; “aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla”. “Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo”.

Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.

Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.
Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.

Lo escribía el poeta Cavafis en Esperando a los bárbaros. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan.

¡Recristo, qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el tango.. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. “Un tango adecuado para este pasaje”.

A los que no creen en Podemos, ¡Échense a un lado!

A los que no creen en Podemos, decirles sólamente que ahora es nuestro momento, déjennos hacer. Los otros no están haciendo política para la ciudadanía. ¡Échense a un lado!

Es muy duro y dificil construir algo nuevo. Son muchas las personas que venian a traer buenas y nuevas brisas de cambio y que fueron tragadas por la historia, no por que fueran buenas sino porque eran nuevas. ¡Échense a un lado!

Un castillito de arena levantado por la mano de un niño con sus torres y alcobas tarda horas en ser construido y basta una mala patada para echarlo a bajo. ¡Échense a un lado!

Si no van a trabajar por mejorar la situación actual, al menos ahórrennos los chismorreos de mala cuna. No más espontáneos reclamando 5 minutos de gloria, no más cuentos ni cuentas. ¡Échense a un lado!

Un poco de tolerancia y sobre todo mucho respeto por los familiares, amigos, vecinos y vecinas que estamos trabajando duro para traerles un mañana mejor y en muchos casos, un lugar al que poder regresar. ¡Échense a un lado!

No queremos nada, ni reconocimientos, ni cargos de por vida, tan siquiera una palabra cálida de sus labios, pero si no van a poner su hombro para traernos un país decente y justo para nosotros y nuestros hijos e hijas, ¡Échense a un lado!

No es un improperio, tampoco les estoy diciendo que sobren, como un paramédico que trata de salvar vidas, solo les ruego que sino pueden, si no quieren o no saben ayudar ¡Échense a un lado!.

Tratamos de salvar vidas. Esas a las que el estado ya había dado por perdidas, pero que a nosotros sí nos importan. Los enfermos de hepatitis C, las personas con discapacidad, los parados, nuestros mayores, aquellos que ya no tienen fuerzas suficientes para valerse por si solos, porque nunca guardaron nada para sí y también la de nuestros mejores jóvenes, que colman las puertas de salida de los aeropuertos.

Por favor, sino van a aportar ilusión ¡Échense a un lado!